jueves, 11 de junio de 2026

Volver al LoL por pura nostalgia

Extraño cuando no sabía jugar.

Podría sonar raro porque, en teoría (nada más en teoría jajajs), ahora soy mejor que antes. Entiendo más el juego, conozco a los campeones, sé qué hacen la mayoría de las habilidades y puedo reconocer las oportunidades que llevan a remontar una partida.

Pero extraño cuando no entendía nada. Extraño entrar a una partida y descubrir cosas nuevas a cada momento. Cuando hacer un buen combo era más un accidente feliz que algo practicado decenas de veces. Cuando ganar un intercambio me hacía sentir como el protagonista de la mejor jugada de la historia jajajs. Me temblaban las manos y el corazón me iba a mil por hora.

En aquel entonces tampoco entendía cuándo alguien estaba trolleando. No sabía identificar una mala composición, menos si hacía falta AP o un tanque. Entraba a jugar, hacía lo que podía y me divertía. Si perdía, simplemente buscaba la siguiente partida. No me preocupaba el elo de los jugadores; de hecho, un plata ya me parecía altísimo.

Luego estaba ese momento mágico en el que uno encontraba a su campeón. No importaba si estaba fuerte ni si era meta. Simplemente era tu campeón.

Para mí ese campeón fue Lux jeje. Ahora ya casi ni juego con ella, pero en esos momentos me divertía un montón. De hecho fue al primer champ que me convenció de comprar una skin.

Ese personaje con el que hacías clic de inmediato y decidías jugar una y otra vez. Lo llevabas a cualquier línea, le comprabas cualquier objeto y te divertías igual. Era el campeón con el que querías aprender cada detalle y con el que soñabas hacer esas jugadas que veías en YouTube. Convertirse en OTP como una extraña declaración de amor. Recuerdo mucho mi Lux tanque, Lux jungla, Lux ADC y un largo etcétera jajajs.

Creo que muchos pasamos por esa etapa en la que vemos un video de alguien hablando de una estrategia revolucionaria, copiamos exactamente las runas y los objetos para descubrir, en vivo y en directo, que aquello no funcionaba tan bien cuando uno lo intentaba.

Las benditas builds coreanas. Un evento canónico para muchos jugadores como yo.

También recuerdo la primera vez que le cerré la boca a alguien que me estaba flameando. No respondiéndole en el chat, simplemente reventándolo en la partida. Esa sensación de ganar sabiendo que habías demostrado algo era increíble.

Y creo que mucho de eso es lo que nos hace volver.

No necesariamente porque el juego sea mejor que antes. Tampoco porque siempre sea divertido. Mucho menos porque queramos sufrir en clasificatorias. Creo que volvemos buscando aquella sensación. La de esas primeras partidas en las que todo parecía nuevo.

Gran parte del cariño que le tengo a League of Legends viene del momento en el que llegó a mi vida.

Durante la pandemia, cuando el mundo parecía haberse detenido y todos estábamos encerrados en nuestras casas, el juego se convirtió en una de las principales formas que tenía para convivir con mis amigos. Muchas tardes, noches y alguna que otra madrugada terminaron transformándose en partidas y llamadas interminables sobre cualquier cosa menos el propio juego.

Visto desde fuera, quizá no parezca algo demasiado especial. Éramos solamente un grupo de chamacos frente a una computadora. Pero en un momento en el que vernos en persona era imposible, esas partidas se convirtieron en nuestro tiempo de calidad.

Por eso me cuesta hablar mal del juego (no tanto en realidad), incluso después de las derrotas tontas, los compañeros tóxicos, los errores propios y esas partidas que terminaban arruinándome el humor durante un buen rato.

Porque cuando pienso en League of Legends, no pienso primero en los puntos de liga, ni en el rango, ni en el meta, ni en las estadísticas.

Pienso en las risas.

Recuerdo a mis amigos entrando a Discord después de las horribles clases en línea. Bueno, a veces en medio de ellas jajsjs, para qué mentir. Recuerdo las estrategias que nunca funcionaban, las malas jugadas, los equipos con temática y las partidas hasta la madrugada simplemente porque nadie quería desconectarse todavía.

Y quizá eso es lo que me hace volver de vez en cuando.

El juego está lejos de ser perfecto, pero de alguna manera se convirtió en parte de una etapa de mi vida que recuerdo con muchísimo cariño.

Amaría leer sus experiencias con la Liga de las Leyendas o con cualquier otro juego que les haga sentir un poquito de nostalgia jeje.

Como siempre, muchas gracias por leer!

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