Durante la época de la pandemia, hubo una aplicación que empezó a hacerse muy popular, la mayoría de mi círculo cercano en aquel momento ya la había instalado y me alentaba a hacerlo también. Yo me negaba rotundamente porque me parecía algo ridículo, y caracoles, debí haberme hecho caso jajajs.
La última vez que me metí a revisar mi tiempo en pantalla, pasaba más de cuatro horas solamente en esta aplicación, moviendo mi dedo pulgar verticalmente una y otra vez, perdiendo por completo la noción del tiempo y de lo que realmente estaba viendo.
Al principio era entretenido, me pasaba las horas entre vídeos divertidos, datos curiosos y un poco de todo; un surtido rico en el que el algoritmo no dejaba ni un solo segundo para el aburrimiento.
Yo siempre he sido un fiel defensor de los momentos de ocio, porque creo que no tenemos que estar siendo productivos todo el día. El simple pensamiento de que si no estamos haciendo nada, entonces estamos perdiendo el tiempo, me parece algo tonto y de una visión muy reducida. Debemos tener espacio para poder darnos ese lujo, pues es justo en esos momentos de ocio cuando las grandes ideas salen a flote, pero existe un problema que es huirle a un ocio al que podríamos llamar "vacío"; ya no nos permitimos aburrirnos y no hacer completamente nada, y tampoco le damos espacio a la mente para que pueda despejarse de tantos estímulos en el día.Por ejemplo, yo me fui perdiendo poco a poco en el consumo de videos de menos de un minuto, llegando al punto en el que ya no podía dejar nada a la imaginación. Todo el tiempo necesitaba ver algo, escuchar algo, consumir lo que fuera.
Esa necesidad constante me llevó a un problema del que no fui consciente hasta hace un par de meses: ya no podía poner atención. No podía ver alguna película completa sin sentir que quería hacer otra cosa, en las clases me aburría como no tienen idea y lo peor de todo fue que ya no aguantaba ni dos páginas de un libro sin sentir que no llegaba a nada, sin sentir esa urgencia ansiosa de que estaba perdiéndome de algo más.
Fue un día cuando me encontré con el video de una persona quejándose de lo mismo, un video que me cayó como una bofetada. Esa persona hablaba de la manera en que la aplicación le estaba destrozando la capacidad de terminar un libro. Ahí me vi reflejado y la verdad que me pesó bastante, lo suficiente para querer cambiar ese hábito, o bueno, ese vicio en realidad.
Entonces decidí poner límites a ese consumo desmedido. Lo primero fue poner un tope a mi tiempo en la misma aplicación, pero ese límite es solo un aviso que se puede saltar como si nada, así que opté por limitarla desde mi teléfono y progresivamente mis tiempos de aburrimiento regresaron.
Y en esos momentos volvió la lectura, que poco a poco me llevó a la escritura también.
Tuve la oportunidad de redescubrir algo tan complejo como lo es mi imaginación. Saqué del rincón de las ideas un par de historias y tomé la decisión de ponerme a crear un blog.Al día de hoy no podría decir que he dejado por completo los vídeos de menos de un minuto, tengo rachas con mis amigos y me acuesto de vez en cuando nada más a entretenerme un rato jeje, pero ya no son las cuatro horas que eran antes.
Dejar de consumir tan pasivamente, sin siquiera pensar en lo que veía, para comenzar a crear es una de las decisiones más importantes que tomé este año y definitivamente no me arrepiento de nada.
Esto de consumir y crear es un tema que me gusta un montón y al que seguramente le daré más vueltas en otro momento muejeje. No sé si alguien tenga una experiencia similar, amaría leer algún comentario al respecto.
Como siempre, muchas gracias por leer!! Nos leemos pronto.


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